¿Cómo estás? Hace mucho que deseo conocerte, y has aparecido
en el preciso momento en el que debía hacerlo.
Me sentaba cada tarde en la cima de la montaña a observar el
lago. Pensaba en lo maravillosa que es la naturaleza, ¿crees en Dios? Me
alegrara saber que sí, y si no, es estupendo que seas como eres, puedo sentir tu noble corazón.
Sí, me sentaba en la cima y observaba el sol ocultarse tras
de ella, y la luna aparecía hermosa a iluminar los senderos. Seria romántico
decir que fumaba un cigarrillo mientras observaba todo aquello, pero no fumo.
Disfruto del aire, de las nubes, disfruto los instantes. Y pensaba, pensaba en
ti. ¿Cómo serias? ¿Dónde estarías? ¿Te llegaría a conocer algún día?
Y entonces un día cualquiera, cuando la duda consumía mis
pensamientos, tropecé contigo, caí rendido, bese tu sombra.
Y ahora estoy nuevamente aquí, en la cima, observando tu
cabello agitarse en el viento, tus mejillas cubrirse de rubor, y tus ojos
iluminarse cada vez que yo sonrió…me gusta, me encanta decir, que por fin,
estas aquí.


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